Ser o no ser

¿Actuas o comunicas?

Un factor que afecta de manera importante al nivel de ansiedad que experimentamos durante las exposiciones en público, es el tipo de presentación que tenemos que realizar. O más exactamente, cómo decidimos nosotros que deben ser dichas presentaciones.

Podríamos hablar de dos tipos de presentaciones:

  • Actuaciones. Es el caso de presentaciones que requieren una puesta en escena muy determinada y exigen memorización, como las representaciones teatrales, exámenes orales de ciertas oposiciones o los discursos muy formales que han sido escritos previamente. En este tipo de exposiciones intentamos ser literales. Existe algo prefijado y debemos ceñirnos a ello.
  • Exposiciones con intención comunicativa. Nos colocamos delante de un auditorio para hacerle llegar un mensaje. Queremos transmitir a nuestro público una información, opinión, consejo o tal vez pretendemos persuadirles para que nos voten o nos compren algún producto o servicio. Aquí no es tan relevante ceñirse a unas palabras aprendidas previamente. Lo prioritario en este tipo de exposición es precisamente el mensaje y que éste llegue a sus destinatarios.

¿A cuál de estos dos tipos se parecen más tus presentaciones?

A medida que nos acercamos a una exposición tipo “Actuación” es más probable que aparezca ansiedad.

La mayor parte de las presentaciones profesionales que tenemos que realizar se acercan más al formato “Exposición con intención comunicativa”. Sin embargo, a menudo pretendemos realizarlas como si fueran “Actuaciones”. Seguramente, este propósito de actuar es una de las grandes fuentes de ansiedad cuando hablamos en público. Nos alejamos de nuestra manera habitual de hablar para tratar de hacerlo como grandes oradores.

Estamos tan preocupados por nuestra actuación, que dejamos en segundo plano lo verdaderamente importante, el mensaje. Poner tanta atención en nuestro desempeño aumenta la exigencia de hacerlo de manera impecable, sin permitirnos un mínimo error.

Si nos enfrentáramos a nuestra presentación siendo más conscientes de que nuestra exposición tiene una “Intención Comunicativa”, nos resultaría más fácil disminuir nuestra hiperexigencia como oradores, y, por tanto, nuestra ansiedad se reduciría.

Si llegamos a la conclusión de que lo importante es el mensaje y no nosotros, comprenderemos que en nuestra exposición podremos cometer errores, trabarnos y seguir adelante o perder el hilo momentáneamente para después recuperarlo.

Muchas de estos pequeños incidentes ocurren en todas las presentaciones igual que en nuestras conversaciones cotidianas pero ninguno de ellos impide que cumplamos con nuestro verdadero objetivo: transmitir un mensaje al público.

Por lo tanto, en la medida en la que seas capaz de trasladar la atención desde tu propia actuación hacia el mensaje que deseas transmitir percibirás que tu ansiedad se reduce.