Hacer cola desespera

Asertividad para el día a día

Llevas ya un rato en la cola de la caja del supermercado, y justo cuando es tu turno una señora mayor te pregunta: “¿Me dejas pasar? Solo llevo un par de cositas.” En realidad, tú no quieres cederle el paso, pero le dices: “Claro, adelante”.

Encuentro este ejemplo en un libro reciente sobre asertividad. En el mismo, los autores proponen la siguiente respuesta como alternativa asertiva: “No, señora, no. La verdad es que preferiría que usted hiciera la cola como todo el mundo”.

Algo me chirría.

En nuestros talleres de comunicación asertiva siempre hemos planteado la asertividad como una herramienta que nos permite expresar nuestras ideas y necesidades de manera clara y directa, sin rodeos. En este sentido, esta respuesta cumple plenamente el criterio asertivo, a la señora en cuestión no le debería quedar ninguna duda de que no le vas a dejar pasar.

Avanzando en la lectura encuentro el capítulo dedicado a los derechos asertivos, y leo el primero de la lista: “La única persona que está realmente cualificada para juzgar tu comportamiento, tu forma de pensar y tus sentimientos eres tú mismo.” Con la salvedad de que tus comportamientos sí serán juzgados en el caso de que fuesen ilegales, lo suscribo al cien por cien.

Entonces vuelvo a pensar en el ejemplo del supermercado, y me pregunto cuál es la intención de la segunda parte de la respuesta, “… preferiría que usted hiciera la cola como todo el mundo.”

A mí, particularmente, me suena a juicio, como si nuestra intención fuese dar una pequeña lección a esta señora, diciéndole lo que debe hacer y censurando su petición, asentada, por otra parte, en el derecho asertivo que le permite pedir lo que quiera.

Como ya sabemos, la asertividad nos permite defender nuestro derecho a decir “no”, pero este planteamiento sería incompleto si en esta defensa no tuviéramos en cuenta a la persona que tenemos delante, y es que no nos comportaremos de manera realmente asertiva si no hay un interés genuino por cómo pueda sentirse la otra persona.

La asertividad nos permite defendernos sin agredir, no es una herramienta para cambiar a los demás, y creo que traicionamos su verdadera esencia cuando nos colocamos en una posición de superioridad moral con respecto al otro y nos permitimos juzgar su comportamiento.

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