Asertividad-curso

Cinco ideas erróneas sobre la asertividad

Olga Castanyer es autora de diversos libros sobre comunicación asertiva, habiéndose convertido algunos de ellos en auténticos clásicos en la materia. En su obra “Asertividad en el trabajo: cómo decir lo que siento y defender lo que pienso”, desmonta estas cinco ideas erróneas sobre la asertividad que habitualmente encontramos entre la población general.

1. Comprender es lo mismo que ceder.

Muchas personas confunden la empatía con la sumisión. Se meten tanto en la piel de la otra persona que finalmente terminan haciendo lo que el otro quiere o diciendo lo que quiere oír. Esta confusión entre comprender y ceder se da en personas sumisas que evitan así su miedo a afirmarse. Pero también en personas agresivas, que temen que, si intentan empatizar con la otra persona, tendrán que ceder y hacer lo que ésta quiera.

Nada más lejos de la realidad. Empatizar significa ponerse en el lugar del otro, ver la situación desde su punto de vista y captar la emoción que puede experimentar la otra persona en ese momento, pero sin dejar de ser yo y sin olvidarme de mi mismo y mis intereses.

2. Si pongo límites estoy siendo egoísta o mala persona.

Esta creencia es bastante típica en personas con conducta sumisa. Nos negamos el derecho a poner límites en aras de una moral que nos tacha de egoístas y malas personas si nos autoafirmamos e importunamos con ello a los demás.

Es verdad que si ponemos limites a otra persona, esta va a estar, cuanto menos, frustrada, y esto lo tenemos que aceptar, a nadie le gusta que le digan “no”. Pero no somos egoístas cuando afirmamos nuestros derechos si lo hacemos desde el respeto a la otra persona.

3. Si no muerdo me muerden.

Algunas personas justifican su conducta desde esta máxima protectora. Tienen una visión del mundo como si se tratara de un lugar peligroso donde solo sobreviven los más fuertes y en el que hay que estar constantemente en guardia para no ser pisado, vulnerado o agredido. Esto les hace desconfiados y cerrados a los demás.

Sin embargo, la realidad no suele estar tan polarizada. Lo mas sano es observar a los demás, ver por qué actúan como actúan, en qué situaciones y con qué personas se comportan de qué manera, antes de sacar conclusiones extremas que nos van a situar, a nosotros también, en posturas extremas.

4. Ser “demasiado” asertivo termina siendo una actitud agresiva.

Hay personas que confunden ambos términos. A veces disfrazamos nuestra agresividad diciendo que en el fondo hemos sido asertivos porque hemos sido sinceros, le hemos dicho la verdad a la otra persona y lo que decimos no tiene dobleces. Esto procede de la falsa idea de que asertividad equivale a “decir las cosas tal y como pensamos y sentimos” sin más.

Esto es un error, asertividad significa, sobre todo, respeto a mí mismo y a los demás, por lo que es sumamente importante tener en cuenta como se está sintiendo la otra persona.

Por tanto, debemos cuidar también la comunicación no verbal, es decir, todos los gestos, miradas, posturas y tono con que emitimos los mensajes. Precisamente estos pequeños detalles no verbales son los que hacen que una comunicación sea asertiva, sumisa o agresiva.

Hay otro error que utilizan sobre todo las personas a las que les resulta fácil ser agresivas: la idea de que en una comunicación hay que decirlo todo, ser completamente trasparente y sincero. Esto esta bien, pero ¿y si “toda” la verdad va a producirle dolor a la persona? Entonces no estaremos siendo asertivos, porque no estaremos respetándola. No es más asertivo el que dice toda la verdad.

5. La asertividad es una herramienta poderosa que logra cambiar a las personas.

Con nuestra respuesta asertiva podemos conseguir que la otra persona deje de importunarnos o faltarnos al respeto, es decir, conseguiremos poner límites. Lo que no vamos a conseguir es que cambie. Las personas solo cambian si le ven la motivación y el beneficio a hacerlo. Ahora bien, con la asertividad se logra poner límites, dejar claro hasta donde permitimos que el otro nos invada y a partir de donde ya no. Y por supuesto, con la asertividad se logra una mejor comunicación, una posibilidad de entendimiento, donde todos se sientan bien, y se facilite la negociación.

En definitiva, la respuesta asertiva sirve para poner límites, no para que el otro cambie.

Por otro lado, hacer comprender a los demás donde están nuestros límites es una tarea de instauración lenta, pero normalmente segura. No podemos esperar que nuestra respuesta asertiva de resultados positivos a corto plazo.