Aprender a decir que no

Cuando digo “no” me siento culpable ¿Qué puedo hacer?

¿Alguna vez te has sentido culpable cuando has dicho que no a algo y te has preguntado si hay una respuesta en la psicología para ello? En numerosas ocasiones, tras decir “no” a una petición o propuesta que no queremos aceptar, aparece la culpa, y a veces, ésta puede ser tan intensa que nos hace cambiar de opinión y acabamos haciendo algo que no deseamos.

Pero, ¿está justificada la presencia de la culpa en este tipo de situaciones?

Para responder a esta pregunta debemos conocer cuál es el significado y la función de dicha emoción.

¿Qué es la culpa? Una definición:

La culpa es la emoción que experimentamos cuando creemos que hemos provocado daño a otra persona, nos pone en contacto con las consecuencias de nuestro comportamiento sobre los demás y así, nos empuja a evitar el daño, o a repararlo si éste ya ha sido cometido.

Desde este punto de vista, la culpa resulta una emoción necesaria para mantener relaciones respetuosas con los otros, y por lo tanto, para vivir en sociedad.

Sin embargo, los problemas surgen cuando la culpa nos impide defender nuestros derechos legítimos, como por ejemplo: el derecho a decir no, y por evitar hacer daño al otro, acabamos haciéndonoslo a nosotros mismos.

¿Cómo podemos saber entonces si la culpa que sentimos es adecuada y nos está indicando que modifiquemos nuestro comportamiento, o por el contrario, es excesiva y lo que debemos hacer es regular dicha emoción?

Walter Riso, en su muy recomendable libro: El derecho a decir no, nos hace la siguiente propuesta, un test para aprender a mejorar:

Test para vencer la culpa a decir que no

Una manera de vencer la culpa a decir no, es el análisis de siete preguntas que debemos responder para cuestionar si la culpa que sentimos está fundamentada o no.

  1. ¿Estoy violando algún derecho ajeno?
  2. ¿Estoy lastimando objetivamente a alguien por descuido o irresponsabilidad?
  3. Al actuar asertivamente, ¿mi motivación es honesta?
  4. Al actuar asertivamente, ¿mi intención es hacer daño?
  5. ¿Estoy obrando impulsiva e irracionalmente?
  6. ¿He deliberado seriamente sobre mi comportamiento antes de actuar?
  7. ¿No será que en realidad no es mi comportamiento lo que está lastimando directamente a la persona, sino su incapacidad para renunciar a un privilegio o aceptar un “no”?

Si las respuestas son en su orden: NO, NO, SÍ, NO, NO, SÍ, SÍ, la culpa no está fundamentada, porque mi conducta fue ejecutada a conciencia y seriamente. No habría una actitud irresponsable y por lo tanto no debo modificar mi comportamiento sino aprender a regular mi emoción.

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