Saber decir No

Decir no es difícil… al principio

Un amigo nos pregunta si podemos llevarle al aeropuerto, otra amiga nos pide prestado el vestido que nos acabamos de comprar, nuestro compañero de clase quiere que le prestemos los apuntes, el jefe nos propone un proyecto nuevo además del trabajo que ya estamos haciendo, nuestros amigos nos insisten para que nos quedemos después de cenar a tomar algo cuando nosotros queremos irnos a casa, un comercial nos persuade para que cambiemos de compañía de teléfono… Todas estas situaciones, y muchas otras con las que seguro nos encontramos en el día a día, tienen algo en común, nos enfrentamos a los deseos de los demás y no siempre éstos encajan con los nuestros.

Es entonces cuando tenemos que tomar una decisión: decir “sí” y hacer lo que nos piden en contra de nuestros verdaderos deseos, o decir “no intentando ser fieles a nosotros mismos.

Veamos con detalle cada una de estas dos opciones:

¿Cómo nos solemos sentir cuando decimos “sí” y acabamos haciendo lo que no queremos?

Lo más normal en estas ocasiones es que nos sintamos manipulados, utilizados, no respetados y enfadados con nosotros mismos al darnos cuenta de que somos nosotros los principales responsables de haber llegado a esa situación.

¿Y qué ocurre entonces con el camino alternativo, cuando intentamos decir “no”?

Si habitualmente nos resulta difícil decir no, cuando nos decidimos a hacerlo es fácil que la culpa y el miedo hagan su aparición y nos dificulten expresar nuestra negativa o mantenerla ante la insistencia de los demás.

Sentimos culpa por creer que estamos siendo egoístas y perjudicando al otro, a la vez que tememos las posibles consecuencias que pueda tener nuestra respuesta (enfado del otro, rechazo, represalias, pérdidas de afecto, etc.).

Parece que hagamos lo que hagamos estamos condenados a sentirnos mal.

¿Cómo podemos entonces salir de este aparente callejón sin salida?

Volvamos a prestar atención a nuestras dos opciones:

¿De qué manera evolucionarán los sentimientos negativos que experimentamos a medida que se repite la primera opción? Lo más probable es que se intensifiquen, y cada vez que decimos sí cuando queremos decir no, nuestra autoestima se resienta. Es cierto que en un primer momento acceder a las peticiones de los demás puede ser más fácil que negarse, ya que no tenemos que enfrentarnos a las emociones antes citadas ni al posible desagrado del otro. Será más adelante cuando el malestar con nosotros mismos vaya creciendo e instalándose.

Pero, ¿qué ocurre cuando actuamos de acuerdo a nuestros verdaderos deseos e intereses y logramos decir no? ¿Qué pasa con el miedo a las consecuencias? ¿Y con el sentimiento de culpa? En este caso estas emociones evolucionan de manera contraria a como lo hacen en la circunstancia anterior. Lo difícil viene al principio, cuando debemos enfrentarnos a la posibilidad de que se molesten con nosotros y a nuestra propia culpa. Sin embargo, a medida que nos reafirmamos en la defensa de nuestros derechos y decimos no cuando así lo queremos, nuestra satisfacción con nosotros mismos aumenta. Aprendemos a regular la culpa cuando esta es excesiva y nos acostumbramos a desafiar nuestro miedo, comprobando, en la mayoría de los casos, que éste era infundado y que incluso en los casos en los que hay alguna consecuencia negativa, merece la pena vivir teniéndose en cuenta a uno mismo, al menos, tanto como a los demás.

Corto plazoLargo plazo
Digo SiAlivioDaña autoestima
Digo NoMiedo / culpaFortalece autoestima