Actitud en una entrevista de trabajo

El pensamiento nos engaña cuando tenemos miedo a hablar en público

Cuando alguna de nuestras emociones, como por ejemplo el miedo, está activada de forma muy intensa, nuestro pensamiento sufre una alteración que nos lleva a exagerar la valoración que hacemos de los peligros a los que nos exponemos y a aumentar de forma desproporcionada las consecuencias negativas a las que tendremos que enfrentarnos.

Se trata de un ancestral mecanismo de protección a través del cual nuestra mente prefiere exagerar las amenazas antes que quedarse corta, de forma que nos aseguremos de ponernos a salvo. Consiste en un “más vale pasarse que quedarse corto” como forma útil de supervivencia.

Cuando los peligros no son reales sino imaginados, dicho mecanismo ya no es necesario. Sin embargo, nuestra mente no sabe discernir ambas situaciones y el mismo proceso de “exageración” se pone en marcha.

De ahí que los temores que nos asaltan cuando nos enfrentamos a hablar ante un público sean desproporcionados y alejados de la realidad. Son más bien pensamientos irracionales que, sin embargo, no podemos evitar sentir como reales.

Diego Maciá Antón y Luis Joaquín García-López de la Universidad de Murcia nos ayudan a resumir algunas de las formas más típicas de distorsión:

  1. Centramos la atención excesivamente en nosotros mismos, creyendo que los demás están pendientes exclusivamente de nuestra actuación. Cuando, en realidad, a los demás suele resultarles bastante indiferente nuestra conducta, lo que les importa es nuestro mensaje.
  2. Atendemos selectivamente al feedback que nos dan los demás, poniendo nuestro foco de atención sólo en los comentarios negativos, ignorando los positivos.
  3. Nos acordamos solamente de las intervenciones pasadas en las que lo pasamos mal.
  4. Subestimamos nuestros recursos y habilidades, torturándonos con lo que no se nos da bien.
  5. Sobreestimamos la probabilidad de consecuencias negativas, sobre todo tememos el juicio destructivo de los demás sin basarnos en datos objetivos que evidencien este temor.
  6. Alimentamos un miedo exagerado a que los demás nos noten nerviosos, cuando está demostrado que la percepción que los demás tienen de nuestra ansiedad siempre es mucho menor de lo que realmente estamos experimentando.

Estas distorsiones correlacionan con niveles muy altos de ansiedad que nos afecta en la tarea de centrarnos en nuestro discurso, por lo tanto, la modificación de estos procesos de pensamiento es una de las claves para manejar de forma exitosa el miedo a hablar en público.