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¿Gestionas tu tiempo o tu tiempo te gestiona a ti?

A medida que vivimos más deprisa y albergamos la pretensión de compaginar actividades de ocio, sociales, deportivas y familiares con la labor profesional, sufrimos la angustia de ver cómo las horas se escapan sin obtener el aprovechamiento que nos gustaría.

El deseo de “dominar” el tiempo cobra protagonismo en nuestros días y la ineludible realidad de que el estrés está ganando demasiadas batallas nos coloca frente a la necesidad de parar para preguntarnos cómo sería un modelo de administración del tiempo que nos permita una calidad de vida satisfactoria.

Gestionar el propio tiempo adecuadamente implica interiorizar una idea básica pero fundamental que no siempre deseamos admitir: simplemente no cabe todo lo que deseamos.

Cuando nos topamos con la realidad de una agenda demasiado llena recurrimos a intentar hacer las cosas más deprisa, de dos en dos, o a restar tiempo al descanso. Todos hemos comprobado que no se trata de una buena estrategia, ya que solo conseguimos llegar a un estado de agotamiento físico y mental… mientras la agenda continúa igual de desbordada. No parece, entonces, un buen método.

Es fácil caer en la trampa de intentar arañar minutos para poder incluir más cosas a la agenda diaria. Nos lanzamos al reto de ser más efectivos para tardar menos tiempo en cada asunto. Se trata de un esfuerzo inútil. Ni las listas de tareas ni el estrés disminuyen con este método.

Intentemos, por el contrario, elegir muy bien lo que tiene que caber. Esforcémonos en desarrollar la habilidad de ser capaces de identificar las actividades valiosas y asegurarnos de que quepan.

Gestionar bien el tiempo tiene que ver con asegurarnos de que haya tiempo para las cosas importantes, entendiendo que no se trata de pelearnos con los minutos sino de identificar de forma clara nuestras prioridades.

No resulta fácil establecer cuáles son nuestras prioridades, y, además no solemos dedicar un tiempo específico a preguntarnos sobre ellas. ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a reflexionar acerca de cuáles son las metas más valiosas de tu vida? ¿O a pensar en qué es lo que quieres conseguir en los próximos años?

Vivimos en un mundo

en que la velocidad de la información

no nos deja disfrutar de la información,

en que la velocidad de las innovaciones

no nos deja disfrutar de las innovaciones

y en el que la velocidad de la vida

no nos deja disfrutar de la vida.

Pere Navarro

Para facilitarte esta tarea te proponemos comenzar con estas preguntas:

¿Conoces tus tres metas fundamentales para este año? ¿Sabes cuáles son esos tres objetivos a nivel profesional y también en el área personal que te gustaría haber conseguido en el próximo mes? ¿Has puesto dichas metas por escrito?

Una vez identificadas puedes ponerte en marcha.

Para poder avanzar en tus tareas de forma satisfactoria necesitas tener un plan. Un plan para llegar a un destino. Ese destino son tus objetivos principales. Demasiado a menudo, caminamos por nuestro trayecto profesional y personal sin definir con claridad hacia dónde nos dirigimos. No es extraño, entonces, que tengamos la sensación de hacer mucho y no avanzar. No existe un lugar claro al que dirigirnos y, por tanto, no nos encaminamos hacia él con decisión. Es decir, dando una prioridad a las tareas que nos acercan a esas metas.

El mero hecho de sentirnos en camino de conseguir nuestros objetivos valiosos, aun sin llegar a ellos, incrementa de manera profunda nuestro bienestar.

Por eso, gestionar bien el tiempo requiere saber dónde estoy y hacia dónde quiero dirigirme.

No menos importante es, además, encontrar un ritmo adecuado para avanzar.

¿No debería una adecuada gestión del tiempo incluir la capacidad de la disfrutar lo máximo posible de cada momento del día?

Establecer una carrera frenética contra el reloj, aprender a hacer las cosas de dos en dos o desarrollar estrategias para hacer algunas tareas más deprisa, asegurándonos de minimizar o suprimir todo lo superfluo, solo lleva a introducirnos en una rueda de velocidad que muchas veces pierde el sentido y cuyo único fin es lograr unos minutos extra para meter alguna otra actividad que a su vez realizamos velozmente.

Ganar la carrera al tiempo requiere una profunda decisión de dejar de correr detrás de él y convertirnos en los dueños de nuestras horas para que cada momento sea satisfactorio en sí mismo, porque podemos disfrutarlo sin tener la mente puesta en la actividad que hay que realizar a continuación.

Administrar el tiempo no es un fin en sí mismo sino una herramienta para el control del estrés y la satisfacción vital.

Por eso, entendemos la gestión del tiempo como la capacidad de vivir nuestra vida al ritmo que decidamos, asegurándonos de que las acciones que nos acercan a nuestras metas significativas tienen su espacio, lo que nos garantiza sentir que caminamos hacia donde deseamos disfrutando del paseo.

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