Miedo a volar: un testimonio de superación

Creo que siempre desde que tengo recuerdos he tenido miedo a montar en avión. Incluso cuando era pequeña esa sensación no me emocionaba como al resto de los niños. Siempre he sido más bien miedosa y volar me daba respeto.

Aún así siempre he volado para hacer  viajes de placer, 2 ó 3 veces al año en las que me merecía la pena pasar un mal rato y un poco de angustia por disfrutar de unas vacaciones.

Poco a poco mi miedo fue yendo a más y ya no sólo lo pasaba mal durante el vuelo sino también los días de antes. Hasta que en un viaje a Noruega en el que tuve que hacer escala todo se “descontroló”, tuve varias crisis de ansiedad las semanas previas y durante la escala de los vuelos. Esta mala experiencia hizo que unos meses más tarde anulara un vuelo que tenía programado con anterioridad para Berlín.

Decidí darme un tiempo y estar un año sin volar y sin pensar en el tema pensando que volvería a relajarme, pero al pasar ese tiempo descubrí que mi miedo había ido a más y que me veía incapaz de organizar unas vacaciones que precisaran montarme en un avión. El sólo hecho de pensarlo me generaba una tensión y una ansiedad que no era capaz de controlar.

Ya estaba decidida a adaptarme a esta situación, a vivir pasando mis vacaciones en la España peninsular y como mucho el sur de Europa, pero no quería tomar esa decisión sin sentir que había agotado todas las posibilidades por lo que busqué ayuda psicológica para superar esta fobia.

Confieso que en un primer momento mi intención en lo más profundo de mi era probar esto como última opción pero sin mucha confianza en que funcionara, únicamente para decirme a mi misma que había agotado todas las posibilidades.

Finalmente me decidí a dar una oportunidad a esta terapia y acudí a Grupo XXI para hacer con Víctor un curso individual para superar mi fobia a montar en avión.

Después de 8 sesiones aprendiendo técnicas para afrontar mi miedo a volar conseguí coger un avión para hacer el viaje a Berlín que pospuse años atrás.

Esos meses no fueron nada fáciles, no existe ninguna varita mágica para curar los miedos, hay que afrontarlos y superarlos. Me costó mucho esfuerzo, pero puedo decir que todo mereció la pena por la emoción y la alegría que sentí al montarme en ese avión y poder sentirme relajada.

Desde ese primer vuelo de mi nueva vida como viajera, en mayo de 2012, he montado otras 5 veces en avión y cada vez me he sentido más segura y relajada y ningún sentimiento es comparable a la satisfacción de superar el miedo a volar y sentir que tú misma no te estás poniendo trabas para recorrer el mundo.

Espero que este testimonio pueda ayudar a la gente a superar sus miedos buscando la ayuda adecuada.

Helena.