Chica pensando

Miedo número uno: Quedarme en blanco durante una presentación en público o en un examen oral

Cuando hemos preguntado a oradores u opositores: ¿qué es lo que más te preocupa que pueda ocurrir durante tu intervención en público o durante tu examen? La respuesta que con más frecuencia hemos escuchado es quedarse en blanco.

Nos vemos a nosotros mismos delante del público o del tribunal bloqueados, queriendo seguir adelante pero sin que las palabras vengan a nuestra mente, no sabemos lo que tenemos que decir, no lo recordamos, todo el mundo nos mira, esperando que hablemos, pero cada vez nos sentimos más bloqueados, más angustiados, empezamos a sudar, a temblar, el corazón se dispara… y los segundos nos parecen horas, finalmente, tenemos que abandonar la situación entre cuchicheos de los presentes y caras de estupefacción.

Con toda seguridad, todos hemos visto a alguien quedarse en blanco en alguna presentación en público o en una conversación, pero, ¿cuántas veces estas personas abandonan la situación por no ser capaces de continuar? Como siempre ocurre con los miedos, la ficción supera a la realidad.

¿Entonces, qué ocurre realmente cuando nos quedamos en blanco?

Quedarse en blanco no es un olvido, no es que la información se haya borrado de nuestra memoria, de ser así, no sería posible recuperarla y no podríamos salir fácilmente del bloqueo como lo hacemos en tantas ocasiones en las que perdemos el hilo de lo que estamos diciendo y alguien nos ayuda a recuperarlo diciéndonos de qué estábamos hablando.

Quedarse en blanco es un problema de atención, cuando nos centramos en algo diferente al contenido de nuestro discurso, es fácil perder el hilo, esto nos ocurre de vez en cuando en nuestra vida cotidiana, cualquier acontecimiento que capte fuertemente nuestra atención mientras estamos hablando nos puede hacer perder el hilo, y recuperarlo nos puede llevar algunos segundos, los que tardemos en llevar de nuevo nuestra atención al contenido del discurso.

A veces, el acontecimiento hacia el que desviamos la atención es nuestra propia ansiedad, la taquicardia, el temblor de voz, o la posibilidad de que ésta se esté notando y nos vayan a criticar por ello. A medida que vamos prestando atención a estas amenazas y la vamos restando del contenido vamos perdiendo fluidez, hasta que llega el temido bloqueo, si en este punto entramos en pánico, entonces nos fijamos aún más en la amenaza y la ansiedad se realimenta, perpetuando de este modo el bloqueo.

Perder el hilo durante nuestra intervención es algo que puede ocurrir, pero si conseguimos volver a él, evitaremos el resto del proceso.

Cómo retomar el hilo tras quedarnos en blanco

¿Cómo podemos recuperar el hilo? Solo tenemos que buscarlo, y para esto existen varias opciones, dependiendo de la situación en la que nos encontremos:

  1. Mira tus notas, tu esquema, tu diapositiva, tómate unos segundos para leer la información y continúa.
  2. Si la situación te lo permite, pregunta, a tu interlocutor, ellos te dirán por dónde ibas.
  3. Si estás en un examen oral no puedes mirar “la chuleta” ni preguntar al tribunal, pero puedes volver atrás y repetir la última idea, lo más probable es que superes el bloqueo limpiamente ya que la información almacenada en tu memoria está encadenada.

Y una última consideración, es verdad que el público o el tribunal se dará cuenta de lo que ha ocurrido, ¿pero, realmente se trata de algo tan grave? Creo que es una “licencia” que nos permitirán, lo importante es que el tribunal compruebe que conocemos el tema, o que el público reciba nuestro mensaje, y ambas cosas son posibles a pesar de los bloqueos.

Al fin y al cabo, tener un bloqueo y salir de él con naturalidad y sin dramatismos es un signo de autocontrol y madurez, y tanto al público como al tribunal le gusta ver personas naturales y maduras.

¿Alguna vez te ha ocurrido algo similar? ¿Pudiste hacerte con el control de la situación de nuevo? No dudes en dejar un comentario en nuestro blog contándonos tu experiencia.