Medicina antigua

¿Es normal mi ansiedad? 8 claves para averiguarlo

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE EL MIEDO Y LA ANSIEDAD?

Normalmente se suelen utilizar estos dos términos como si fueran sinónimos, y aunque es cierto que se trata básicamente de la misma emoción, los psicólogos establecemos entre ambos una distinción que encierra mucha importancia para el logro de una terapia exitosa.

El miedo es una respuesta básica y automática, a un objeto, situación o circunstancia específicos que implican el reconocimiento (o percepción) de un peligro real o potencial. Para hablar de miedo es preciso que exista un objeto o situación identificables ante la que reaccionamos; por ejemplo: una araña, un terremoto, un atracador, etc. Sin duda, en estos casos está muy claro dónde se sitúa el foco del temor.

El miedo se manifiesta de diversas formas: ante la amenaza aparecen sensaciones corporales (taquicardia, sudor, temblor…); por nuestra cabeza pasan rápidamente una serie de pensamientos negativos que hacen referencia al potencial peligro (“me va a picar”, “voy a morir”, “me va a atacar”); y actuamos para huir de la amenaza y ponernos a salvo (corremos, nos paralizarnos…). En resumen, la principal característica del miedo es una situación de amenaza o peligro inminentes para la seguridad personal.

La ansiedad tiene puntos de contacto con el miedo. En ambos casos, las manifestaciones que se producen (reacciones fisiológicas, pensamientos y acciones) son bastante similares, pero como ya hemos comentado, el miedo resulta más específico, más automático, (más puramente biológico) y se produce en respuesta a algo concreto. La ansiedad es más subjetiva, se trata de un estado emocional más prolongado y complejo, que se produce ante un peligro menos claro y más difícil de delimitar. Cuando experimentamos ansiedad no reaccionamos ante un riesgo inmediato, sino ante una vaga sensación de amenaza provocada por la anticipación de una situación futura adversa, que se percibe como una amenaza para nuestros intereses vitales. En este sentido, podríamos decir que el miedo está centrado en el presente, mientras que la ansiedad está más orientada hacia el futuro y hacia la posibilidad de control y predicción de estos acontecimientos adversos.

Así, podríamos sentir ansiedad al pensar en una entrevista de trabajo, en asistir a una fiesta en la que no conocemos a nadie, en nuestro rendimiento laboral, en la posibilidad de que nuestra pareja nos abandone o en un plazo a punto de vencer. Los pensamientos característicos de la ansiedad son los pensamiento “¿y si…?”, “¿y si me quedo en blanco durante el examen?, ¿y si no consigo terminar a tiempo?, ¿y si me da un ataque de pánico en el supermercado?, ¿y si me pillo la gripe en medio de tanta gente?, ¿y si me topo con alguien que me recuerda a uno que me atacó?, ¿y si pierdo el trabajo?”.

¿Cómo saber si mi ansiedad es normal?

No existe un límite claro entre los estados de ansiedad normales y los anormales. Suele ser muy difícil dilucidar por uno mismo si la ansiedad es “normal” o “anormal”. Es aquí donde la evaluación precisa de un psicólogo puede brindarte la perspectiva necesaria. Cada vez que un psicólogo clínico ve a un nuevo cliente con ansiedad, determina si éste padece o no un trastorno de ansiedad, así como la gravedad del mismo y su grado de interferencia en su vida cotidiana. Si tu ansiedad es grave y se conceptúa como trastorno, podría ser particularmente recomendable buscar el tratamiento formal de un profesional entrenado ad hoc.

Existen unas características específicas que los psicólogos clínicos evaluamos a la hora de hacer un diagnóstico de ansiedad. Cuántas de estas características, y en qué grado se den en ti, determinará o no la presencia del trastorno de ansiedad. Aunque no tengas un trastorno, siempre puedes beneficiarte de la ayuda de un psicólogo; pero si sí lo tienes, deberías considerar seriamente buscar un tratamiento formal por parte de un psicólogo clínico.

A continuación tienes 8 características que utilizamos para determinar si la ansiedad de una persona se considera o no un trastorno: *

  1. Una intensidad exagerada.

La ansiedad clínica tiende a ser mucho mayor que la que esperaríamos en una situación particular. Por ejemplo, el experimentar una ansiedad intensa cuando contestamos al teléfono, cruzamos un puente en coche, preguntamos algo al empleado de una tienda o tocamos un picaporte sugeriría un nivel de ansiedad anormal, dado que este tipo de acciones suele causar poca o nula ansiedad en la mayor parte de la gente.

  1. La persistencia.

La ansiedad clínica tiende a durar más que los estados no clínicos. Todo el mundo tiene alguna preocupación de vez en cuando; pero las personas con una preocupación patológica la experimentan durante varias horas un día sí y otro también.

  1. La interferencia.

La ansiedad clínica tiende a interferir con el rendimiento en el día a día (en el lugar de trabajo o el centro educativo). Así como con los actos sociales, los momentos de ocio, las relaciones familiares y otras actividades rutinarias. Los efectos negativos de la ansiedad suelen limitarse a unos pocos ámbitos de la vida, pero su impacto es notabilísimo. Por ejemplo, hay personas con agorafobia que hacen la compra a horas intempestivas para evitar las aglomeraciones de gente; hay otros que dan un gran rodeo con el coche para no tener que cruzar un determinado puente o túnel, y otros finalmente con ansiedad generalizada que no consiguen conciliar el sueño de noche a causa de las preocupaciones.

  1. La ansiedad súbita o el pánico.

Un incremento ocasional de la ansiedad, o incluso una crisis de pánico, no es algo inusual. Cualquiera puede sufrir un ataque de pánico inesperado, “como caído del cielo”, pero, si a partir de ahí, se comienza a desarrollar miedo a que estos ataques se repitan y efectivamente, estos se dan con cierta frecuencia, podría tratarse de un trastorno de ansiedad.

  1. La generalización.

En los trastornos de ansiedad, el miedo y la ansiedad pasan a menudo de un objeto o situación particulares a una serie más amplia de situaciones, actividades, objetos o personas. Por ejemplo, María tuvo su primer ataque de pánico mientras se hallaba en un restaurante abarrotado. Le entró tal pánico que a partir de entonces, antes de entrar en un restaurante se aseguraba bien de que no hubiera mucha gente. Al final, María dejó de frecuentar restaurantes y otros lugares públicos por miedo a sentirse otra vez “atrapada» en ellos y verse víctima de un nuevo ataque. La ansiedad de María se estaba propagando poco a poco, lo que causaba grandes interferencias y limitaciones en su vida.

  1. El pensamiento catastrófico.

Las personas con ansiedad clínica tienden a imaginarse a sí mismas inmersas en las peores situaciones. Como la ansiedad implica siempre la anticipación de algo no deseado (“¿y si…?”), el estilo de pensamiento en los trastornos de ansiedad tiende a dar por sentado que las amenazas son mucho más probables de lo que realmente son. Por ejemplo, una persona con trastorno de pánico podría pensar automáticamente: “Me está costando mucho trabajo coger aire. ¿Y si me ahogo?”. Otra persona con ansiedad social«¿Y si la gente nota que estoy nervioso y deduce que soy un enfermo mental?”. Y otra persona con ansiedad generalizada podría pensar: “Si no dejo de preocuparme, me voy a volver loco”. Todos estos pensamientos implican la posibilidad (“¿y si…?”) de cierta catástrofe, que es la exageración de una amenaza que no existe.

  1. La evitación.

La mayoría de las personas con trastorno de ansiedad tienden a eliminar o al menos minimizar su ansiedad evitando lo que la desencadena. Los desencadenantes podrían ser determinadas situaciones (por ejemplo, grandes almacenes abarrotados, conducir por una autopista, instalaciones públicas, asistir a una reunión, ir al cine), personas (desconocidos, individuos “sospechosos”, superiores, enfermos, etc.) u objetos (puentes, túneles, hospitales, ciertos animales). La evitación generalizada podría reducir la ansiedad a corto plazo, pero a un precio muy elevado. En efecto, contribuye a la persistencia del estado de ansiedad y hace que disminuya el funcionamiento cotidiano de la persona.

  1. Pérdida de sensación de seguridad y de relax.

Finalmente, las personas con trastorno de ansiedad suelen sentirse menos seguros que los demás. Aunque hagan grandes esfuerzos por sentirse seguros, cualquier sensación de seguridad será efímera, y les volverá la sensación de aprensión y amenaza. Relajarse o estar tranquilos puede resultarles muy difícil. En los trastornos de ansiedad, la persona afectada suele sentirse con los nervios de punta, muy preocupada y agitada. La dificultad para dormir suele figurar entre los principales problemas en la mayoría de los trastornos de ansiedad.

Solo un profesional cualificado podrá realizar un diagnóstico preciso; pero si te sientes identificado con alguna de las características anteriores deberías considerar seriamente la conveniencia de buscar la ayuda de un profesional.

Extraído del Manual práctico para la ansiedad y las preocupaciones de David A. Clark y Aaron T. Beck

 

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