sudar por miedo

Las tres sensaciones que más temen los tímidos

El miedo que las personas tímidas suelen experimentar en determinadas situaciones sociales, está, con mucha frecuencia, ligado a una elevada activación fisiológica y a las sensaciones físicas que de tal activación se derivan. Una de las preocupaciones más frecuentes entre nuestros alumnos del taller para vencer la timidez, tiene que ver precisamente con experimentar dichas sensaciones de ansiedad y la posibilidad de que éstas sean percibidas por los demás.

De entre la larga lista de sensaciones que provoca la ansiedad, hay tres a las que los tímidos temen especialmente, se trata del rubor, el sudor y el temblor, ya sea éste de manos o de voz. No resulta difícil imaginar el motivo por el cual esto es así; ¿Qué tiene en común el rubor, el sudor y el temblor? Alguien podría tener taquicardia o un nudo en el estómago, pero ambas experiencias resultarían prácticamente imperceptibles desde fuera, sin embargo, cuando nos ruborizamos, sudamos o temblamos, siempre existe el riesgo de que los demás se den cuenta de ello.

Existen muchas diferencias en el modo en que las personas con ansiedad social experimentan estas sensaciones, encontrando una gran variabilidad tanto en el número como en su intensidad. Pero hay algo que resulta común a todas estas personas: la creencia de que sus sensaciones, y en especial aquellas que los demás pueden percibir, son muy intensas, mucho más intensas de lo que en realidad son.

De acuerdo con esto, en un estudio realizado por Mulkens, De Jong, Dobbelaar y Bogels (1999), se comprobó que cuando los individuos con problemas de timidez se exponían a situaciones sociales estresantes, era más probable que creyesen estar más sonrojados que quienes no estaban ansiosos, cuando lo cierto es que no había, en cuanto a la intensidad del sonrojo, diferencia alguna entre unos y otros.

A pesar de que, como hemos visto, los síntomas físicos de la ansiedad suelen ser menos evidentes de lo que solemos creer, no deja de haber personas con tendencia a sonrojarse, sudar o temblar de un modo excesivo. Pero no todos los que se ponen colorados, sudan, o les tiembla la mano en una situación social, sienten medio por ello, de hecho, a mucha gente no le preocupa en absoluto que le ocurra esto en público.

Parece entonces que lo que realmente atemoriza a las personas tímidas no es el hecho de experimentar estas sensaciones, sino la valoración que hacen de las mismas, el significado que les dan. Considerándolas un signo de debilidad, de falta de habilidad o de competencia y creyendo que los demás les juzgarán y rechazarán por ello.

En definitiva, si resulta que tanto tímidos como no tímidos, se ruborizan, sudan o tiemblan por igual, pero solo los tímidos sufren por ello, el trabajo para superar este sufrimiento, no debería centrarse tanto en eliminar estas sensaciones, sino en cambiar la relación que se tiene con ellas.