Aristóteles

¿Son normales mis enfados, tengo un problema con ellos?

La ira, (o el enfado, en términos más coloquiales), es una emoción universal, y sigue con nosotros porque es útil para nuestra supervivencia, como por otro lado, ocurre con el resto de las emociones. Pero hace ya más de 2.300 años  nos preguntábamos cómo diferenciar el enfado adaptativo y saludable del excesivo y pernicioso.

Ya he hablado en este mismo blog de algunos criterios que te pueden ayudar a saber cuando la ira resulta un problema.

Hoy vuelvo al tema aprovechando que nuestro tándem de autores favoritos: Juan Sevillá y Carmen Pastor acaban de publicar su último libro: “Domando al dragón”. En él nos muestran de una manera sencilla y accesible pero con el rigor y la inteligencia a la que nos tienen acostumbrados, las estrategias terapéuticas para el tratamiento del enfado patológico. En dicha obra me he basado para el contenido de este texto.

¿Son normales mis enfados, tengo un problema con ellos?

Si alguien me preguntara esto, le daría la respuesta que más frecuentemente utilizamos los psicólogos ante este tipo de preguntas: depende. Para inmediatamente después hacerle las siguientes preguntas:

¿Te enfadas con mucha frecuencia?
¿Te enfadas con mucha intensidad?
¿Tus enfados te duran mucho tiempo?

Es la respuesta a estas tres preguntas la que nos ayudará a decidir si alguien tiene o no, un problema con el enfado.

Atendiendo a dichas preguntas podríamos clasificar a las personas con problemas de enfado en tres grupos:

  • El primer grupo lo formarían las personas de enfado fácil, aquellas que se enfadan con demasiada frecuencia. Estas personas son especialistas en encontrar motivos para indignarse, siempre hay algo o alguien que les hace enfadar, como dicen Sevillá y Pastor, tienen un umbral de detección de estímulos amenazantes muy bajo. Son los que sus conocidos definirían como gruñones, cascarrabias o de mal genio.
  • La variable que define al segundo grupo no sería la frecuencia, sino la intensidad. Las personas que entran en este grupo se caracterizan esencialmente por tener enfados muy intensos, independientemente de la frecuencia de estos. Sevillá y Pastor los definen así: Su alteración psicofisiológica es muy alta y, a menudo, muy rápida, llevándoles a externalizar su enfado con conductas disruptivas y agresivas. Desde insultos y palabras groseras, pasando por violencia contra objetos y enseres, hasta agresión física. Las personas que los conocen, familiares y amigos, se refieren a ellos con expresiones como «tiene un pronto muy malo», «pierde los papeles» o «suele montar pollos».
  • Por último, el tercer grupo estaría representado por aquellas personas a las que su enfado les dura mucho, días o incluso semanas. Parecen estar en un estado constante de rencor, recordando una y otra vez el agravio sufrido y entrando en un bucle que realimenta su enfado a lo largo del tiempo. Las personas que comparten la vida con ellos los definen como rencorosos, amargados, incapaces de perdonar.

Estos tres patrones han sido definidos como si fuesen independientes, pero lo cierto es que en absoluto son excluyentes, y aunque solemos encontrar personas con un claro predominio de alguno de ellos, lo normal es que, en mayor o menor medida, coexistan los tres, dando lugar a todas las combinaciones posibles.

La frase sobre el enfado de Aristóteles

Para terminar, te dejamos una frase de uno de los filósofos más importantes de la Historia. “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” – Aristóteles.

¿Qué patrón característico siguen tus enfados? Cuéntanoslo en los comentarios de este artículo.

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