Cuando alguna de nuestras emociones, como por ejemplo el miedo, está activada de forma muy intensa, nuestro pensamiento sufre una alteración que nos lleva a exagerar la valoración que hacemos de los peligros a los que nos exponemos y a aumentar de forma desproporcionada las consecuencias negativas a las que tendremos que enfrentarnos.
Se trata de un ancestral mecanismo de protección a través del cual nuestra mente prefiere exagerar las amenazas antes que quedarse corta, de forma que nos aseguremos de ponernos a salvo. Consiste en un “más vale pasarse que quedarse corto” como forma útil de supervivencia.
Cuando los peligros no son reales sino imaginados, dicho mecanismo ya no es necesario. Sin embargo, nuestra mente no sabe discernir ambas situaciones y el mismo proceso de “exageración” se pone en marcha.
De ahí que los temores que nos asaltan cuando nos enfrentamos a hablar ante un público sean desproporcionados y alejados de la realidad. Son más bien pensamientos irracionales que, sin embargo, no podemos evitar sentir como reales.
Diego Maciá Antón y Luis Joaquín García-López de la Universidad de Murcia nos ayudan a resumir algunas de las formas más típicas de distorsión:
Estas distorsiones correlacionan con niveles muy altos de ansiedad que nos afecta en la tarea de centrarnos en nuestro discurso, por lo tanto, la modificación de estos procesos de pensamiento es una de las claves para manejar de forma exitosa el miedo a hablar en público.

Víctor D. Magaña Loarte es licenciado en Psicología, con un máster en Psicología Clínica y de la Salud. Especializado en intervención cognitivo-conductual en problemas de ansiedad y estado de ánimo. También es formador en habilidades personales y profesionales y autor de planes para mejorar la comunicación asertiva y la autoestima. Es miembro de diferentes asociaciones profesionales y cuenta con el número de colegiado M-13.786.